1 de septiembre de 2017

10 de septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio

Tristeza recurrente, falta de energía y escaso interés por las actividades cotidianas son algunas señales de alerta relacionadas con la ideación o la intención suicida. Es importante identificarlas y atenderlas oportunamente, sobre todo en niñas, niños y adolescentes.

¿Qué es el comportamiento suicida?
La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2003) ubica al comportamiento suicida en la tipología de la violencia autoinfligida. Este comportamiento abarca pensamientos, intentos y actos suicidas, además de autolesiones. 

El suicidio es un acto violento que va desde la ideación, en sus diferentes expresiones, hasta el suicidio propiamente dicho, pasando por las amenazas, los gestos y los intentos de quitarse la vida. La presencia de cualquiera de estos indicadores debe considerarse como una señal de riesgo.

En mayo de 2013, la 66.ª Asamblea Mundial de la Salud adoptó el primer Plan de Acción sobre Salud Mental que propone reducir, para 2020, en 10 por ciento la tasa de suicidio en los países miembros.

En este entendido, la OMS fomenta compromisos, lineamientos y estrategias para evitar el sufrimiento y las pérdidas humanas vinculadas con el suicidio; a fin de concientizar a la población sobre el tema, instituyó al 10 de septiembre como el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. 

Panorama general del comportamiento suicida
A nivel mundial, el suicidio provoca casi la mitad de las muertes violentas registradas (cerca de un millón de víctimas al año), 50 por ciento en hombres y 71 por ciento en mujeres. La ingesta de plaguicidas, el ahorcamiento y el uso de armas de fuego se encuentran entre los medios más utilizados (OMS, 2014).
En el mundo, más de 800 mil personas mueren cada año por suicidio.
Ésta es la segunda causa de muerte en personas
de 15 a 29 años de edad (OMS, 2014).
En México, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) recopila y presenta tendencias actuales, con especial atención en la población juvenil, por ser el grupo etario que registra incrementos significativos en el comportamiento suicida. 

La siguiente información corresponde al Reporte Estadístico Nacional 2016 (INEGI, 2016):
  • Del 2000 al 2014, la tasa de suicidios se elevó de 3.5 a 5.2 por cada 100 mil habitantes. Ocho de cada 10 suicidios (80.2%) fueron consumados por hombres y dos por mujeres (19.8%). 
  • Campeche (10.2%), Aguascalientes (8.6%), Chihuahua (8.4%) y Yucatán (8.4%) son las entidades federativas que presentan mayor tasa de suicidios.
  • El 40.2 por ciento de los suicidios corresponde a personas de 15 a 29 años de edad. En este grupo etario, la tasa alcanza 7.9 suicidios por cada cien mil jóvenes.
  • La Secretaría de Salud registró dos mil 292 ingresos a servicios de urgencias por lesiones autoinfligidas.
Factores que aumentan la probabilidad de un suicidio
Diversas variables de tipo biológico, psicológico y sociocultural interactúan para que se presente un comportamiento suicida en la población infantil y juvenil (OMS, 2006). Como factores que predisponen o aumentan la probabilidad de ideación, planeación, intento y suicidio, destacan los siguientes:
  • Depresión, abuso de sustancias y problemas emocionales, conductuales y sociales.
  • Pérdida de relaciones románticas, escasa habilidad para hacer frente a problemas académicos y tensiones de la vida, baja autoestima y conflictos de identidad sexual. 
  • Deterioro de la dinámica familiar y conflictos o eventos como el divorcio de los padres, que pueden ocasionar sentimientos de desesperanza y pérdida de control, sobre todo en el caso de los niños. 
  • Entre los adolescentes, el comportamiento suicida (fatal y no fatal), se asocia frecuentemente con un trastorno psiquiátrico, muchas veces no reconocido o sin tratar: más de 90 por ciento de las y los adolescentes que mueren por suicidio sufría un trastorno psiquiátrico del estado de ánimo o abusaban de drogas en el momento de su muerte. Resalta que más de la mitad había padecido un trastorno psiquiátrico durante al menos dos años previos (OMS, 2003), mismo que coexistía con otras conductas de riesgo para la salud como comer en exceso, abuso de alcohol u otras drogas, portación de armas y prácticas sexuales de riesgo (Sofronoff, Dalgleish, & Kosky, 2005).
  • Un intento previo de suicidio constituye el factor de riesgo más importante de suicidio para cualquier persona (OMS, 2014).
Entre los factores asociados con el sistema social y de salud figuran el fácil acceso y la disponibilidad de los medios utilizables para suicidarse; el sensacionalismo de los medios masivos de comunicación al respecto; las dificultades para tener acceso a los servicios especializados de atención; así como la estigmatización de quienes buscan ayuda por comportamientos suicidas, problemas de salud mental o consumo de sustancias psicoactivas. 

Un estudio con 12 mil 424 estudiantes de escuelas públicas de nivel medio superior en nuestro país (Pérez et al., 2010) reveló lo siguiente:
  • 47 por ciento de los estudiantes encuestados había tenido ideación suicida en algún momento de su vida. 
  • 9 por ciento de ellos reportó, al menos, un intento de suicidio.
  • El síntoma más reportado: haber experimentado deseos de dejar de existir.
  • La población con sintomatología depresiva tiene cinco veces más probabilidades de tener ideación suicida.
  • El consumo de alcohol, tabaco y otras drogas aumenta la posibilidad de ideación suicida en 60, 30 y 22 por ciento, respectivamente. 
  • El miedo o incertidumbre hacia el futuro incrementa 73 por ciento la ideación suicida.
Estrategias preventivas en CIJ
La OMS emitió una serie de recomendaciones y buenas prácticas para atender esta problemática que se ha incrementado entre la población juvenil. Si bien existen cifras que señalan a las personas mayores de 60 años como el grupo más vulnerable, en los últimos diez años se ha registrado un incremento estadísticamente significativo, a nivel mundial y nacional, entre los adolescentes (OMS, 2014).

En Centros de Integración Juvenil se desarrolló la intervención “Detección temprana y derivación en casos de ideación e intento suicida con hombres y mujeres de 12 a 24 años de edad”, cuyo objetivo es habilitar a personas estratégicas que interactúan con niños y jóvenes, en la identificación temprana de señales de alerta y la derivación oportuna a los niveles de atención correspondientes, a partir de la valoración del nivel de riesgo (OMS, 2006; Heinze & Camacho, 2010). Las señales de alerta que se detectan con la población juvenil, de acuerdo con las recomendaciones de la Guía Clínica para el Manejo de la Depresión (Heinze & Camacho, 2010), son:
  • Cambios repentinos en el estado de ánimo, pasar de la alegría a la tristeza o viceversa.
  • Que dejen de hablar sin causa aparente con familiares y amistades u otras personas con las que antes tenían buena comunicación.
  • Malestares como ganas de vomitar, temblores, dificultad para respirar, palpitaciones sin razón aparente y sudoración excesiva, a causa de la desesperación.
  • Amenazas de hacerse daño e, incluso, de matarse.
  • Que busque medios para suicidarse o que hable de un plan para hacerlo.
  • Conversaciones o escritos sobre la muerte; la persona afirma que sería mejor no vivir o que estarían mejor sin él o ella.
  • Autolesiones (cortarse, golpearse, involucrarse con facilidad en peleas, actividades riesgosas y temerarias).
  • Consumo de alcohol (en patrones excesivos) u otras drogas.
  • Desesperanza (creer que nada vale la pena y que los problemas seguirán).
  • Sentimientos de ira o venganza.
  • Involucramiento en conductas que implican riesgo innecesario o irresponsable.
  • Ideas de que están atrapados y de que no hay una salida.
  • Ansiedad o agitación.
  • Alteraciones del sueño, como no dormir o hacerlo todo el tiempo.
  • Desprenderse de sus pertenencias o despedirse de familiares y amistades.
  • Pérdida de interés en actividades en las que antes participaban.
  • Convicción de que no hay razones para vivir o de que la vida no tiene sentido.
Ante la detección de una sola de estas señales es necesario realizar una valoración del riesgo suicida en la persona que lo presenta, para su canalización oportuna a instituciones especializadas de segundo y tercer nivel de atención a la salud. Es importante mencionar que en las situaciones en las que, además de la ideación y el intento suicida, se identifica el consumo de alcohol, tabaco y otras drogas, se aplica la estrategia de referencia/contra referencia para la atención integral de las personas, en el marco de los derechos humanos y la ética profesional. 

También se cuenta con la intervención dirigida a padres de familia, que busca favorecer la adquisición de recursos protectores ante riesgos asociados con la ideación y el intento suicida en el contexto familiar. Los temas que se abordan en un taller de cuatro sesiones, se ubican en el eje de salud mental: depresión, suicidio y factores de protección (fomento de la autonomía, comunicación empática, solución de problemas y retroalimentación de experiencias). La dinámica del proceso preventivo implica ejercicios prácticos para realizar en la vida cotidiana con los hijos e hijas adolescentes.

Este año, 2017, está en proceso la intervención dirigida a jóvenes de 15 a 18 años de edad, cuyo objetivo es reforzar recursos psicológicos para el manejo de estados emocionales asociados con el desarrollo de trastornos de ansiedad y depresión. Mediante un taller psicoeducativo de tres módulos (12 sesiones en total), los jóvenes son capacitados para identificar sus propios pensamientos y emociones, así como para diferenciar aquellos que son útiles de los que son perjudiciales y pueden facilitar el inicio de un trastorno de salud mental o predisponerlos al abuso de alcohol, tabaco y otras drogas.

Si tiene dudas o requiere orientación de cualquier tipo, no dude en solicitar apoyo especializado. Asista al Centro de Salud más cercano o reciba más información en cualquiera de las Unidades Operativas de CIJ
María del Pilar Reyes Munguía
Departamento de Modelos y Tecnologías Preventivas
Referencias
  • Heinze, G., & Camacho P. (2010). Guía clínica para el manejo de la depresión. En S. Berenzon, J. del Bosque, J. Alfaro, & M.E. Medina-Mora. Serie: Guías Clínicas para la Atención de Trastornos Mentales. México: Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz. Recuperado de: http://www.inprf-cd.gob.mx/guiasclinicas/manejo_depresion.pdf
  • Instituto Nacional de Geografía y Estadística. (2016). Estadística a propósito del Día mundial para la prevención del suicidio (10 de septiembre). Recuperado de http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/aproposito/2016/suicidio2016_0.pdf
  • Organización Mundial de la Salud. (2014). Prevención del suicidio: un imperativo global. Resumen ejecutivo. Recuperado de: http://www.who.int/mental_health/suicide-prevention/world_report_2014/es/
  • Organización Mundial de la Salud. (2006). Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias. Trastornos Mentales y Cerebrales. Prevención del suicidio recurso para consejeros. Recuperado de: http://www.who.int/mental_health/media/counsellors_spanish.pdf
  • Organización Mundial de la Salud (2003). World report on violence and health. Ginebra: Autor. Recuperado de: http://whqlibdoc.who.int/publications/2002/9241545615_chap7_eng.pdf
  • Pérez, B., Rivera, L., Atienzo, E., De Castro, F., Leyva-López, A., & Chávez, R. (2010). Prevalencia y factores asociados a ideación e intento suicida en estudiantes de México. Salud Pública México, 52(4), 324-333. Recuperado de: http://www.scielosp.org/pdf/spm/v52n4/v52n4a08.pdf
  • Sofronoff, K., Dalgleish, L., & Kosky, R. (2005). Out of options: a cognitive model of adolescent suicide and risk-taking. Cambridge:  Cambridge University Press.

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