24 de junio de 2016

Consumo de drogas ilícitas: un reto para la trasformación y adaptación de las estrategias preventivas

El consumo de drogas no es un fenómeno estático: las tendencias y prevalencias de las distintas sustancias de abuso en la población general se ven influidas por varios factores relacionados con las características de los grupos poblacionales, las regiones y sus condiciones sociales-económicas. Esto genera un importante reto para la labor preventiva, pues para ser efectiva, debe responder de manera oportuna a las emergencias epidemiológicas que se van presentando y considerar la pluralidad de los contextos. 

Como todos los años, desde 1987, este 26 de junio se celebra el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas. En este contexto, cabe hacer un análisis de la situación de México en este tema: el consumo de drogas ha ido en constante aumento en la población y hay sustancias que por su potencial de abuso representan un mayor riesgo para la población. Para ejemplificar esta situación, se puede tomar en cuenta el aumento de la disponibilidad de metanfetaminas en los últimos años[1]. Durante la década de 2000 a 2010, en México las metanfetaminas pasaron de ser sustancias cuya producción se destinaba al mercado en Estados Unidos, a ser drogas de uso frecuente en las entidades fronterizas del norte y de la zona noroccidental del país; en las tendencias generales de esta región, el cristal, la heroína y el alcohol se registran como las tres primeras drogas de impacto. De acuerdo con la última Encuesta Nacional de Adicciones (2011), en los estados de esa zona el cristal ocupó el primer lugar como droga de mayor impacto.

En datos de pacientes de primer ingreso a tratamiento en Centros de Integración Juvenil se logra identificar una clara tendencia, aunque discreta, del consumo de metanfetamina en los últimos 5 años, pasando de 3.6 por ciento en 2010, a 11.7 por ciento en 2015 a nivel nacional, y en estados del noroccidente se presentó como la principal droga de impacto durante 2015: en Colima con 50.8 por ciento; en Tepic con 50 por ciento; en Sinaloa con 39 por ciento; y en Baja California 37.9 por ciento[2],  superando en algunos casos al alcohol y la mariguana. 

La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas en Estudiantes 2014 identificó que Ciudad Juárez y Ecatepec fueron las ciudades con las prevalencias más altas de consumo de cristal (metanfetaminas) en adolescentes de secundaria y bachillerato (2.7% en ambas ciudades), caracterizándose por ser centros urbanos altamente poblados[3]. 



Para intervenir desde la acción preventiva en estos escenarios y modificar la tendencia en el consumo de una droga que pone en peligro no sólo la vida de la persona, sino que perjudica el tejido social, se deben considerar variables de importancia en el diseño de programas preventivos, por ejemplo: la falta de infraestructura, los bajos niveles educativos y de servicios, así como los índices altos de seguridad ciudadana y de violencia. Varias de estas condiciones están presentes tanto en Ciudad Juárez como en Ecatepec (52.27 y 68.50, respectivamente, es el Índice de Inseguridad Ciudadana y Violencia registrado por el Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad Ciudadana en 2010 para estas ciudades)[4,5],    situación que ha influido en el desplazamiento y abandono de espacios públicos. En contraste, en zonas con estas características es frecuente detectar la presencia de expendios de bebidas, bares y cantinas, así como establecimientos con juegos electrónicos muy visitados por niños y jóvenes[5,6], por mencionar sólo algunos aspectos. Esta combinación es un suelo fértil para la presencia de factores de riesgo del consumo de sustancias, como el uso inadecuado de tiempo libre[6]  y el abandono escolar[7]. 

En respuesta a situaciones de este tipo, en 2009 Centros de Integración Juvenil publicó el libro Metanfetaminas: lo que los padres deben saber, y en 2010 diseñó el paquete “Prevención integral del consumo de metanfetaminas-cristal”. Estos materiales son utilizados de manera conjunta con estrategias específicas para sensibilizar a la población acerca de los daños que producen estas sustancias, informar sobre los factores de protección y desarrollar habilidades sociales y competencias para el afrontamiento de riesgos, como el bajo el control conductual[8],  trastornos afectivos[9]  o disfunción familiar[10],  particularmente entre la juventud.

La elaboración de estrategias como estas se apoya en estándares internacionales de prevención[11],  que son fruto de la evidencia científica actual y que sustentan otras acciones preventivas de Centros de Integración Juvenil. Estos estándares, que han sido aplicados en diversos países del mundo, permiten diseñar intervenciones con resultados positivos e importantes en la disminución de los índices de prevalencia del consumo de drogas, y responden a la visión mundial de adaptación a un nuevo escenario. El avance en la evidencia científica ha permitido crear las bases para alternativas a la prohibición, dirigiéndose más a un enfoque de salud pública que consiste en impartir educación, suministrar información fiable, proporcionar brevemente orientación con respecto a la motivación y el comportamiento, y adoptar medidas para facilitar la reintegración social y reducir el aislamiento y la exclusión social.

Este último punto se expresa fundamentalmente a nivel local, donde la sensibilidad a las características y necesidades del contexto adquiere un alto valor para la aplicación exitosa de una actividad preventiva. Como tal, la intervención debe estar dirigida por la evidencia científica y un modelo teórico sustentado en ésta, pero siempre con la capacidad de adaptar su método de intervención al nivel de vulnerabilidad en el que se encuentran expuestos personas y algunos grupos en situación de exclusión. Los factores de riesgo para el consumo de sustancias no están distribuidos de manera homogénea en la población; la expectativa construida socialmente alrededor del uso de una droga como la mariguana difiere entre un chico que trabaja en el campo en el sur del país y una joven en un centro urbano y moderno en el norte del país. De igual manera las habilidades sociales y de afrontamiento son de naturaleza distinta para ambos contextos; la accesibilidad de servicios básicos, los niveles de violencia, la aceptación social de conductas impulsivas, los valores que mantienen la cohesión de la familia o las prácticas que le dan sustento a una institución. Esta apreciación del escenario da pie a la formulación y adecuación de intervenciones en función del riesgo y la necesidad de la población a través de intervenciones selectivas e indicadas.

Este es pues el reto que se mencionaba al inicio: se requiere de investigación y conocimiento de buenas prácticas que permitan hacer prevención con grupos como niños y jóvenes escolarizados y no escolarizados, poblaciones indígenas, jornaleros agrícolas y las poblaciones desplazadas o en situación de violencia, personas en condición de migración, así como con familiares de personas que se encuentran privadas de su libertad o que están próximas a ser liberadas. Con estos grupos de personas, entre otros, existe la obligación de restituir situaciones de rezago social e histórico en nuestro país.
Lic. Javier Darío Ríos Castillo
Departamento de Modelos y Tecnologías Preventivas
Referencias
  • Arellanez, J.L., Pérez, V. (2011). Factores de riesgo del consumo de drogas en jóvenes estudiantes residentes en una ciudad de alto riesgo, el caso de Ciudad Juárez. Informe de Investigación 11-05. Dirección de Investigación y Enseñanza. Subdirección de Investigación. Centros de Integración Juvenil.
  • Centros de Integración Juvenil. (2014). Estudio Básico de Comunidad Objetivo Unidad Cd. Juárez Norte 2013. Recuperado de: http://www.cij.gob.mx/ebco2013/centros/9712SD.html
  • Centros de Integración Juvenil. (2014). Estudio Básico de Comunidad Objetivo Unidad Ecatepec 2013. Recuperado de: http://www.cij.gob.mx/ebco2013/centros/9380SD.html
  • Centros de Integración Juvenil. (2016). Tendencias de las principales drogas de mayor impacto reportadas por usuarios de drogas ilícitas en el año previo a la solicitud de tratamiento en Segundo semestre de 2004 – Segundo semestre de 2015. Sistema de Información Epidemiológica del Consumo de Drogas. Dirección de Investigación y Enseñanza. Subdirección de Investigación. Recuperado de: http://www.cij.gob.mx/programas/Investigacion/pdf/16-01g.pdf
  • Córdova, A., Rodríguez, S., y Diaz, D. B. (2010). Bienestar subjetivo y calidad de vida en jóvenes usuarios y no usuarios de drogas. Revista Intercontinental de Psicología y Educación 12(2):147-162.
  • Diaz N., D.B., Arellanez, J.L., Pérez, V., y Wagner, F. (2009). Correlatos psicosociales de involucramiento en el uso de drogas entre jóvenes mexicanos. Revista Médica del Instituto Mexicano del Seguro Social. 47 (Supl. 1): S13-S20.
  • Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz; Comisión Nacional Contra las Adicciones, Secretaría de Salud. (2015). Encuesta Nacional de Consumo de Drogas en Estudiantes 2014: Reporte de Drogas. México. Recuperado de: http://www.conadic.salud.gob.mx/pdfs/investigacion/ENCODE_DROGAS_2014.pdf
  • Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes. (2015). Informe 2014. Organización de las Naciones Unidas. Recuperado de: https://www.incb.org/documents/Publications/AnnualReports/AR2014/Spanish/AR_2014_ESP.pdf
  • Organización de las Naciones Unidas. (2015). International Standards on Drug Use Prevention. Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Delito. Recuperado de: https://www.unodc.org/unodc/en/prevention/prevention-standards.html
  • Pérez, V. y Diaz, D.B. (2011). Relación entre la percepción de la violencia social y el uso de drogas en jóvenes estudiantes de educación media. Informe de Investigación 11-10. Dirección de Investigación y Enseñanza. Subdirección de Investigación. Centros de Integración Juvenil.
  • Pérez, V., Velázquez, M., Cruz, C., Sánchez, L.M. y Terrones D.V. (2012). Estudio del uso de drogas en jóvenes que no estudian ni trabajan. Estudio documental. Informe de Investigación 12-06. Dirección de Investigación y Enseñanza. Subdirección de Investigación. Centros de Integración Juvenil.
[1]Informe 2014 de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) de las Naciones Unidas.
[2]Tendencias de las principales drogas de mayor impacto reportadas por usuarios de drogas ilícitas en el año previo a la solicitud de tratamiento en Centros de Integración Juvenil, segundo semestre de 2004–segundo semestre de 2015.
[3]Encuesta Nacional de Consumo de Drogas en Estudiantes 2014: Reporte de Drogas.
[4]Estudio Básico de Comunidad Objetivo Unidad Cd. Juárez Norte 2013, Centros de Integración Juvenil.
[5]Estudio Básico de Comunidad Objetivo Unidades Ecatepec 2013, Centros de Integración Juvenil.
[6]Córdova, Rodríguez y Diaz (2010).
[7]Pérez, Velázquez, Cortés, Sánchez y Terrones 2012.
[8]Arellanez y Pérez , 2011.
[9]Pérez y Diaz, 2011.
[10]Diaz, Arellanez, Pérez & Wagner, 2009.
[11]International Standards on Drug Use Prevention




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