16 de diciembre de 2014

Migración y tratamiento a las adicciones

El fenómeno migratorio ha sido históricamente propio de la condición humana y ha estado atravesado por diversas coordenadas según las circunstancias sociales, políticas y económicas de la época, así como por cuestiones de vida de los sujetos que han llevado a cabo la mudanza de territorios (ya sea entre países diferentes o cambios de lugar dentro del mismo país de origen).

La cuestión migratoria alberga un nivel alto de complejidad indispensable para su reflexión, es decir, es un fenómeno que alberga múltiples dimensiones y sobredeterminaciones tal como sucede con la problemática de las adicciones. Se trata, además, de situaciones que en muchas ocasiones coinciden en las personas, pues además de las vicisitudes de la migración, también se encuentran inmersas en una relación de dependencia con alguna o varias sustancias psicoactivas. 

La complejidad de ambos fenómenos reside en sus dimensiones políticas, factores económicos, sus relaciones con factores geográficos e históricos, etc. Además ambos fenómenos se juegan en terrenos limítrofes similares: la legalidad/ilegalidad, se realizan en un marco de intercambio entre fronteras y, en muchas ocasiones, los flujos migratorios poblacionales recorren los mismos caminos de circulación que las sustancias de consumo ilegal que producen dependencia.  

Otro elemento que agudiza la complejidad de estas problemáticas es el riesgo de estar expuesto a altos niveles de criminalidad y violencia, los cuales no se dan de manera directa sólo por emprender una mudanza de territorio o por tener una dependencia de cualquier sustancia, sino que en nuestro contexto social actual dichos riegos existen de manera general y es importante reflexionar sobre sus condiciones para operar sobre las personas con alguna problemática de adicción y en una situación de migrante.

Otro factor destacable que comparten la problemática de consumo y la migración es que a pesar de vivir en una época globalizada y que contamos con mecanismos tecnológicos que tienden a favorecer dinámicas de híper-circulación de datos, de información y de personas, así como de un amplio intercambio de comunicación y una vinculación más allá de límites territoriales, los espacios que reciben población migrante siguen mostrándose cerrados para acoger a ese otro u otra, extranjero y extraño. Existe una postura de tensión que circula entre la aceptación/rechazo, en la cual además las sociedades receptoras de migrantes consideran que se trata de un problema ajeno, que es de absoluta responsabilidad de los países desde donde parten los migrantes. Esta situación exacerba las condiciones de vulnerabilidad en las que pueden encontrarse las personas que además de la dependencia de sustancias se encuentran en una condición de migrante. Son situaciones que pueden provocar una condición marginal y de exclusión que afecte severamente las condiciones de vida y de salud de las personas.

Estas circunstancias, así como la alta movilidad territorial y la amplia exposición a sustancias psicoactivas que causen dependencia entre los migrantes, obligan a replantear estrategias de tratamiento de adicciones entre esta población, de tal manera que se generen mecanismos comunitarios de intervención, que contemplen acciones en coordinación con otras instancias de atención. Acciones donde se establezcan lazos para el tratamiento entre instancias ubicadas en las comunidades de salida (y regreso) de migrantes, así como aquellos espacios de tránsito y los territorios que son más populares como destino final de la migración.

En términos generales, cuando se aborda el tema de la migración y su impacto en las personas se reflexiona sobre todos estos aspectos traumáticos o patológicos que pueden envolver dicho tema, usándolo como elemento esencial para pensar los padecimientos que cualquier sujeto puede encarnar en esta condición. Nosotros proponemos, además, poder pensar esta condición bajo parámetros no esencialistas, alejándonos de posturas que definan la identidad migratoria como una entidad acabada y de antemano dada, sino como un proceso subjetivo que así como puede generar padecimientos de orden afectivo y social, también puede producir un “emerger” del sujeto a cada paso del recorrido y en el proceso de habitar un nuevo espacio.

Las personas que están en condición de migrantes y de consumo de sustancias, a pesar de que puedan compartir elementos que los aglutinen en estas categorías, también tienen características que son particulares y que definen la propia historia de migración, así como la relación de dependencia con las sustancias psicoactivas, lo que hace que cada mujer u hombre “migrante” sea un sujeto con una condición singular.

Podemos concluir que así como es importante tomar en cuenta, para el tratamiento de las adicciones, que las personas que consumen psicoactivos y que además atraviesan una situación de movilidad territorial pueden estar expuestas a graves problemáticas de acceso al cuidado de la salud, es imprescindible que la atención terapéutica que reciban dé lugar a las formas singulares que estén operando y definiendo la vivencia migratoria y de dependencia de sustancias de manera particular, sin obturar las condiciones que permitan la emergencia de ese sujeto.

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Psic. Alix L. Almendra
Dirección de Tratamiento y Rehabilitación

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