12 de febrero de 2014

Droga a cambio de sexo: “nunca he pagado un peso por mi vicio”

Relato del motivo de consulta de un joven de 23 años consumidor de crack: 

“Mis papás no creían que estuviera consumiendo drogas debido a que nunca he tenido dinero. Pero el gran truco es que si eres ‘movido’ no es necesaria la lana para tener ‘el material’ cuando quieras. Jamás he pagado un peso por tener droga a manos llenas. Al inicio me la regalaban sin ofrecer nada a cambio, después me junté con los más ‘pesados’ y les ‘entuzaba’ sus carros, les llenaba de droga el motor, pues gracias a que mi papá es mecánico, le aprendí un poco. Un día mi habilidad para conseguirla sin pagar, alcanzó un precio muy alto y no en billetes, desde hace un año estoy teniendo sexo con un señor que me da la droga a cambio. Aunque él me ha ayudado mucho, porque me saca de mis líos con la ‘poli’, ya no lo soporto, no se merece que le tenga tanto asco.”

Lo que describe este joven ha sido nombrado con el término “sexo transaccional”, un concepto que se refiere a la acción de intercambiar sexo por algún objeto, privilegio, servicio o incluso dinero, pero no de forma exclusiva. Inicialmente fue acuñado para dar cuenta de la situación de intercambio sexual entre las mujeres y hombres en África por cuestiones de sobrevivencia. Según lo menciona Eleanor E. MacPherson en un artículo publicado en el Journal of the International AIDS Society, esta práctica fue una estrategia de afrontamiento utilizada por las mujeres de escasos recursos para sobrevivir y mantener a sus familias.

En la actualidad, el término está asociado a algo más que a la necesidad de sobrevivencia en contextos de hambre, desamparo y pobreza. Las personas a menudo no están indefensas ni son explotadas, sino que manipulan activamente la situación. El sexo transaccional difiere de la prostitución, en que el primero implica un conjunto más amplio de obligaciones que no incluye necesariamente un pago o regalo predeterminado, a pesar de la existencia de una motivación clara para beneficiarse materialmente del encuentro sexual (Ozler, 2012). Es común, por ejemplo, intercambiar sexo por ropa, droga, calificaciones, títulos escolares, asensos laborales o estatus.

Otra diferencia es el hecho de que los participantes no se identifican uno al otro en términos prostituta/prostituto-cliente, pues incluso puede existir una liga más íntima o referencial que involucre afecto. Es importante resaltar la presencia de un factor de apoyo con múltiples significados: “La mayor parte del sexo tiene una cierta mezcla, como fin, entre la atracción y la transacción (...), a diferencia de la prostitución que es básicamente el acto sexual con base en la transacción económica” (TripleG, 2013). Esta práctica se presenta en ambos sexos y los servicios pueden ser heterosexuales u homosexuales. Tal como se muestra en el caso expuesto, la ayuda es recibida con cierta percepción de agradecimiento, así como con culpa por el asco experimentado. 

Otro aspecto a considerar es que las personas que practican sexo transaccional pueden mantener regularmente relaciones con un elevado número de parejas, por lo que son vulnerables a contraer infecciones de transmisión sexual. 

El oficio de la prostitución es ejercido por hombres y por mujeres, sin embargo, la mayor parte de la gente considera que moralmente es más reprochable en la mujer. Por lo tanto, la utilización del término “sexo transaccional” tiene el propósito de evitar el uso de un lenguaje prejuicioso que condene a estas personas o las sitúe como víctimas indefensas.

Después de haber expuesto esta información, es pertinente regresar a lo contado por el joven y considerar que los motivos socioeconómicos o la falta de recursos para obtener las sustancias psicoactivas (que para efectos de simplicidad llamaremos “la droga”), no son los únicos determinantes que están llevando a la persona a tener sexo transaccional, de hecho hay otras causas que permiten explicar la decisión de realizar dicho intercambio: la primera y más evidente es que la sustancia tiene un impacto directo en la falta de control de impulsos, en la desinhibición, en la disminución o distorsión de los juicios del pensamiento, así como de los juicios de valor.

En el entendido, ya expuesto, de que el intercambio incluye, además de cosas materiales, un conjunto más amplio de obligaciones, se puede plantear que los motivos esenciales por los cuales una persona accede a esta práctica obedecen a causas traumáticas ocurridas en su infancia, las cuales determinan una estructura psíquica caracterizada por una gran carencia de amor y, en consecuencia, la tendencia a la autodegradación y la autodestrucción. En este caso se establece una relación que cumple con los mismos objetivos que el uso de una droga: la evasión y la enajenación de los sentidos que brindan la oportunidad de evadir una realidad intolerable, en la que siempre se escapa tanto de la posesión de la felicidad como del amor.

Por otro lado, un síntoma de quienes sufren de una adicción es dejar de ver a la otra persona como sujeto, para comenzar a contemplarla como un objeto o medio de satisfacción de las propias necesidades, sobre todo de la que primordialmente impone el trastorno adictivo: conseguir más droga. Ya que el goce sexual aparentemente no está presente, se puede suponer que la relación pasional se establece entre la persona y la siguiente dosis, que se convierte en fuente de placer y cuya ausencia implica sufrimiento.

En este contexto, la persona dependiente de una sustancia se enfrenta a la pérdida del valor de su propio cuerpo: “no importa si la droga lo daña”, por lo que tampoco importa si se cosifica y se convierte en el objeto o vía por el cual se obtendrá lo que se desea. De esta forma, en no pocas ocasiones llegan a nuestras entrevistas iniciales personas con graves síntomas depresivos y factores asociados a la degradación de los valores amorosos, que medianamente vislumbran que su consumo es un medio para evitar la felicidad y la posibilidad de entablar una relación con otro a quien sí se puede amar, por encima de la “relación” con la droga.

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Alejandra Freyre Saucedo
Dirección de Tratamiento y Rehabilitación

Referencias
MacPherson, E.E. (2012). Journal of the International AIDS Society. Recuperado de http://www.jiasociety.org/index.php/jias/article/view/17364
Ozler, B. (2012). What Do People Mean when They Talk about “Transactional Sex”? Development Impact. News, Views, Methods, and Insights from the World of Impact Evaluation. Recuperado de http://blogs.worldbank.org/impactevaluations/what-do-people-mean-when-they-talk-about-transactional-sex
TripleG (2013). Attraction Sex vs. Transactional Sex. Mating Selfishness. Recuperado de http://matingselfishness.wordpress.com/2013/07/05/attraction-sex-vs-transactional-sex/

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