3 de octubre de 2013

Salud mental… divino tesoro

La mayoría de los pacientes que llegan a nuestros centros de atención para recibir tratamiento y rehabilitación por su adicción a sustancias psicoactivas muestra un gran dolor para enfrentar el nombre de “enfermedad”, con el apellido de crónica y progresiva, como referente de algo que les pertenece. El estigma es grande y la negación lo es más.

No es claro precisar para quién implica una mayor dificultad de aceptación, si para la persona con el problema de adicción o para su familia. La cuestión probablemente refiere a muchas y complicadas implicaciones emocionales que subyacen mucho más allá que en una “simple” palabra: “enfermedad”.

Por otro lado, la familia de quien consume sustancias puede enumerar, interminablemente, conductas de su hijo, describiendo que desde niños muestran severos comportamientos; siendo temerarios o inseguros, manipuladores o dóciles en exceso, tener conflicto con lo que represente autoridad, ser chantajistas o hirientes, llegando incluso a cometer robos o actos violentos contra la integridad de sus seres cercanos y queridos; o por el contrario, vivir en una situación de violencia silenciosa de agresiones físicas o emocionales. Ponerle “nombre” a estas conductas se muestra dentro del consultorio como una tarea difícil y lastimosa.

Un paciente, al que llamaremos Pepe, vehementemente cuestiona a la terapeuta designada en su tratamiento, con mirada fija y actitud pueril, como un niño que espera impaciente recibir su dulce preferido: “oiga doctora y ¿apoco usted nunca ha probado ninguna droga?... si me dice que no, no le voy a creer”.

Tremenda pregunta de Pepe, ¿no es así?; en cualquier caso, independientemente de la perspectiva clínica que cada profesional tenga, éste trataría de sortear con diferentes elementos el cuestionamiento para llevar a Pepe a “nutrirse” de su inquietud.

A primera instancia y para los fines de la presente reflexión, podemos inferir que entre las múltiples posibilidades de extraer conclusiones del cuestionamiento, queda claro que el chico expresa la necesidad de no ser “un otro”, tan distante de aquel que está apenas a una corta distancia, del otro lado del escritorio, quien porta “la bata blanca”, estandarte de la salud mental.

Dejamos este punto por un momento y revisemos una publicación del Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la Organización Mundial de la Salud: “La dimensión positiva de la salud mental ha sido subrayada en la conceptualización de salud de la OMS, tal cual consta en la constitución misma. «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». Los conceptos de salud mental incluyen bienestar subjetivo, autonomía, competencia, dependencia intergeneracional y reconocimiento de la habilidad de realizarse intelectual y emocionalmente. También ha sido descrita como un estado de bienestar por medio del cual los individuos reconocen sus habilidades, son capaces de hacer frente al estrés normal de la vida, trabajar de forma productiva y fructífera, y contribuir a sus comunidades. La salud mental se ve como la posibilidad de acrecentar la competencia de los individuos y las comunidades, y permitirles alcanzar sus propios objetivos. Salud mental es materia de interés para todos, y no sólo para aquellos afectados por un trastorno mental”.

Entonces volviendo al punto, con la definición de que la salud mental es algo más que la mera ausencia de trastornos mentales, podríamos invertir el planteamiento: la presencia de un trastorno mental no es un obstáculo para ser capaz de enfrentar la vida, llegar a la productividad y ser un “alguien” para “el otro” con el que se está armónicamente en comunidad. Podemos entonces desvanecer los límites tan recelosos de la “bata blanca” y así estar en posibilidad de que la persona enferma, o con un trastorno mental*, pueda percibir menor amenaza de que se le escurra entre sus posibilidades el divino tesoro de la sanidad.

Centros de Integración Juvenil continúa con su largo camino en materia de la salud mental y sobre todo en plantear acciones en favor de ésta. Por ello tenemos el gusto de invitarles a nuestro 15°. Congreso Internacional 2013 “Políticas públicas para la atención de adicciones”, donde se darán cita especialistas en el tema de las adicciones de todo el mundo para debatir temas prioritarios en un contexto global. Este año se llevará a cabo en la ciudad de Cancún, Quintana Roo, del 4 al 6 de diciembre. Puedes encontrar más información en http://www.cij.gob.mx/Congreso2013/index.html

¡Si necesitas atención para problemas de consumo 
de alcohol, tabaco y otras drogas o juego patológico,
 no dudes en contactarnos!

Puedes llamarnos al 01 (55) 52 12 12 12 en la Ciudad de México o al 01 (33) 38 36 34 63 en Guadalajara. Escríbenos a cij@cij.gob.mx. Platica con nosotros en cijcontigo@hotmail.com. En Facebook http://facebook.com/cij.contigo1 o acude directamente al CIJ de tu localidad http://www.cij.gob.mx/RedAtencion/redatencionmapa.html

Psic. Alejandra Freyre
Dirección de Tratamiento y Rehabilitación
Subdirección de Consulta Externa

*Trastorno mental: Manifestación individual de una disfunción comportamental, psicológica o biológica. Ni el comportamiento desviado (p. ej., político, religioso o sexual) ni los conflictos entre el individuo y la sociedad son trastornos mentales, a no ser que la desviación o el conflicto sean síntomas de una disfunción. DSM-IV-TR (1995).

Bibliografía:
Organización Mundial de la Salud (2004).Invertir en Salud Mental. Ginebra. WHO/MHP/7.
Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (1995).

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