9 de septiembre de 2013

Adicción al juego: una voz en espera de diálogo

En 1980 la Asociación Psiquiátrica Americana publicó en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM III) una nueva problemática denominada “juego patológico” y es clasificada como un trastorno del control de impulsos no clasificados en otros apartados; se caracteriza por jugar de forma desadaptativa, persistente y recurrente, interfiriendo con el funcionamiento normal en la vida cotidiana. En el DSM IV (1994) se estimó que la prevalencia de esta problemática en población adulta era de 1.1 a 1.5%. 

Hoy en día se hace énfasis en que su etiología es multidimensional, resultante de una interrelación entre determinantes neurobiológicos, psicológicos y sociales. 

En relación con las bases neurológicas se considera que, así como otros trastornos relacionados con los impulsos, las personas que juegan de forma patológica presentan un déficit en la transmisión de serotonina, dopamina y noradrenalina, y niveles bajos de arousal (se refiere al nivel de alerta o activación del organismo, englobando tanto el nivel de actividad cortical como del sistema nervioso autonómico) que intentan ser compensados buscando actividades novedosas, sorprendentes, de incertidumbre y conflicto que aumenten su activación para alcanzar niveles óptimos de equilibrio. A estas características se debe agregar que las personas con ludopatía presentan craving (deseo intenso de satisfacer la necesidad de jugar), pérdida de control (dificultad para mantener abstinencia o incapacidad para dejar de jugar), tolerancia (necesidad de incrementar la frecuencia y el número de ocasiones para jugar) y síndrome de abstinencia (Sáiz J, Ibáñez A, 1999).

Aunado a las características neurobiológicas en el ámbito psicológico y social también se observan ciertos rasgos de conducta y procesos cognitivos que comparten las personas con problemas en su forma de jugar  (Blaszczynski,  Alex y Nower, Lia. 2001):
Juego asociado a un problema de conducta: las características de estos jugadores es que no presentan psicopatologías importantes y aunque tienen percepciones cognitivas distorsionadas, son conscientes de que tienen un problema no sólo de juego sino muchas veces también de consumo de drogas, familiares y económicos, lo que les genera depresión y ansiedad. 
Juego relacionado con la vulnerabilidad emocional: este tipo de jugadores normalmente presenta experiencias personales negativas de profundo dolor que no han “superado favorablemente”, lo que les genera un malestar recurrente de depresión y ansiedad que intentan ser silenciadas a través del juego o el consumo de drogas.
Juego antisocial e impulsivo: son personas que tienen fuertes problemáticas a nivel neurológico o neuroquímico con psicopatología asociada, por lo que no es raro encontrar intentos de suicidio, cambios repentinos de estado de ánimo, conductas delictivas y problemas de salud mental, sumados a experiencias personales muy dolorosas y al consumo de sustancias psicoactivas. No hay conciencia de enfermedad, por lo que las repercusiones emocionales y sociales son graves.

Hasta el momento se han buscado distintas alternativas farmacológicas y terapéuticas que ayuden a dar respuesta a esta problemática que, al abandonar los terrenos de la vida privada y pasar a ser parte de un problema de salud pública, se ha convertido en una demanda de atención en los sectores públicos, privados y de asistencia social. Es innegable que muchos de estos tratamientos han mostrado ser eficaces al promover una evolución favorable para el paciente; sin embargo el campo de investigación todavía tiene un largo y amplio camino por recorrer.

Uno de los retos más grandes a nivel preventivo será crear estrategias para sensibilizar a la gente de un problema que se ha inscrito en un sistema de creencias y tradiciones, colocando al juego de azar y a las apuestas como un medio recreativo cuyos límites parecen difuminarse y dificultando la distinción entre una conducta de juego normal y aquellas patológicas. Por su parte, las acciones de tratamiento y rehabilitación tendrán que enfrentar esta enfermedad, cuyas generalidades pueden ser abordadas desde las premisas clínicas de atención de adicciones, pero sus matices particulares serán aquellos que impulsarán a nuevos horizontes donde los acercamientos cognitivo-conductuales, grupos de autoayuda y terapia de grupo o el empleo de psicofármacos tendrán que afinarse. 

El objetivo terapéutico entonces tendrá que basarse no sólo en los rasgos generales de las personas que presentan adicción al juego; sino también y con mayor énfasis a entender aquellas particularidades de cada persona determinadas por su núcleo central de la personalidad (Self), sus relaciones familiares y, más importante aún, los relatos de vida trastocados por experiencias agudas de malestar, que han sido silenciadas a través de una conducta adictiva que por momentos cortos ofrece una sensación de bienestar pero pronto vuelve a ser un eco constante. Es justo entonces en los relatos donde el terapeuta, la persona que tiene problemas de adicción y sus familiares tendrán que encontrar aquellos hechos luminosos o extraordinarios particulares de cada sujeto y sus relaciones, para que aquella voz atrapada en el silencio encuentre un espacio de dialogo que le permita reconstruirse. 
Psic. María Luisa Narváez Aroche
Dirección de Tratamiento y Rehabilitación
Subdirección de Consulta Externa 

Referencias 
American Psychiatric Association (APA) (1994) Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, 4th edn. Washington, DC: American Psychiatric Association Press.
Blaszczynski, A. & McConaghy, N. (1989) Anxiety and/or depression in the pathogenesis of addictive gambling. International Journal of the Addictions, núm. 24, 337–350.
Sáiz Ruiz J., Ibáñez, A., et al. (1999). Las bases neurológicas del juego patológico. En: Anuario Psiquiátrico. Barcelona, vol.3, núm. 4, 47-65.

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