25 de junio de 2013

Las drogas ilegales y las estrategias asistenciales

El Informe Mundial sobre las Drogas 2012 (UNOCD) estima que unos 230 millones de personas de la población adulta del mundo (personas de 15 a 64 años) consumieron alguna droga ilícita durante el 2010. En nuestro país, la Encuesta Nacional de Adicciones 2011 reporta que 1.5% de la población de 12 a 65 años es consumidora de drogas ilegales.

El lugar que una sociedad concede a las drogas, la percepción que tiene de ellas, la manera como tolera algunas y excluye a otras se debe primero a su propio funcionamiento, a la manera en la que se representa como sociedad y, finalmente, al lugar que las drogas ocupan en el sistema de creencias (Mazzotti, 2013).

Si bien el consumo de drogas ha estado presente desde la antigüedad y ha acompañado al ser humano a través del tiempo, la razón por la cual las ha utilizado es multifactorial, ya sea como un objeto nutricional, curativo, sacramental, religioso, para regular estados emocionales, mejorar el estado físico, como fenómeno contracultural o con fines recreativos. Sin embargo, el patrón de consumo y el contexto en el que se consumen ha variado a través del tiempo (Lima, González y Barriguete, 2012; Molina, 2008).

A título de ejemplo, en el México prehispánico eran utilizadas algunas hierbas que contenían sustancias que alteran el estado físico y mental de los individuos, entre ellas estaban el teononacatl u hongo divino, el ololiuhqui, el peyote y el pipiltzintzintli, las cuales eran usadas en prácticas mágico-religiosas para provocar alucinaciones; los chamanes (médicos tradicionales) las emplearon para generar e interpretar sueños y visiones (Escohotado, 2000).

El consumo de drogas capaces de alterar los estados de ánimo ha existido a lo largo de la historia de la humanidad, pero fue hasta el advenimiento de las sociedades de consumo, característica del modelo económico capitalista, que comenzó a presentarse de manera indiscriminada (Mazzotti, 2013) y con ello las múltiples consecuencias que trae consigo.

El consumo de sustancias, tanto lícitas como ilícitas, es pues un fenómeno que cambia acorde con los tiempos, las creencias, la cultura y el modelo económico predominante. Cambia también en cuanto a los usuarios, las vías de administración, el tipo de sustancias consumidas, los contextos en los que sucede y el tipo de restricción que se impone sobre su consumo; de ahí que también cambie la atención asistencial, la prevención, las sanciones jurídicas y sociales, así como las estrategias de tratamiento y rehabilitación.

Históricamente las estrategias asistenciales para la atención del abuso de drogas han reflejado la visión que las sociedades tienen acerca del fenómeno. Por ejemplo, en el Código de Hamurabi (1,700 A.C) ejecutaban a las personas con dependencia del alcohol, para que esto sirviera de ejemplo a otros; en los años 60 el LSD se comenzó a usar para tratar hábitos a otras drogas (Escohotado, 2000).

Actualmente la adicción o dependencia de las drogas ha pasado de ser vista como un problema de moral o debilidad de carácter, a un fenómeno multidimensional con implicaciones en la salud del individuo, su familia y la sociedad. Por ellos las estrategias empleadas para su atención incluyen un amplio catálogo de intervenciones.

Los programas actuales de tratamiento incorporan muchos componentes, cada uno dirigido a un aspecto particular del padecimiento y sus consecuencias. Existe por lo mismo una multiplicidad de enfoques terapéuticos para abordar el consumo de drogas que abarcan desde aproximaciones meramente farmacológicas, hasta los enfoques psicológicos con orientaciones psicodinámicas, humanistas, terapias individuales y de grupo, grupos de ayuda mutua como Alcohólicos Anónimos, tratamientos cognitivo-conductuales y tratamientos integrales.

En nuestro país los tratamientos más utilizados, según una revisión sistemática (Rojas, Real, García- Silberman y Medina-Mora, 2011), fueron el cognitivo-conductual de intervención breve; la terapia de reemplazo (nicotina [TRN] y bupropión); la terapia breve motivacional y, en menor medida, la psicoterapia individual, familiar y grupal.

El mismo reporte (Rojas et al., 2011) refiere que, debido a la metodología empleada, no incluyó a los grupos de ayuda mutua, a los basados en el modelo de los 12 pasos y a las comunidades terapéuticas, estrategias que también se llevan a cabo en la atención de las adicciones en nuestro país.

En Centros de Integración Juvenil el modelo de tratamiento se enmarca en la perspectiva biopsicosocial, es decir, se considera a la adicción como una intrincada y compleja interacción entre factores biológicos (funcionamiento del organismo), psicológicos (emociones y motivaciones) y sociales (sistema social en el cual interactúa la persona). Por ello la oferta de servicio es integral, encaminada a proporcionar asistencia en cada una de las áreas afectadas por el consumo. 
Mtro. Marco Antonio Hernández Delgado
Dirección de Tratamiento y Rehabilitación
Subdirección de Consulta Externa
Referencias:
Escohotado, A. (2000). Historia general de las drogas. Espasa. Madrid. 
Informe Mundial sobre Drogas (2012). Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). Viena.
Lima, R., González, Z. y Barriguete, M. (2012). Análisis de los componentes asociados al fenómeno de las adicciones que no son explicados desde la neurología conductual. Consejo Nacional contra las Adicciones. Secretaría de Salud. México
Mazzotti, P. (2013). Las drogas, sus implicaciones culturales, políticas y económicas. Disponible en http://www.uji.es/bin/publ/edicions/jfi5/drogas.pdf
Molina, C. (2008). Evolución histórica del consumo de drogas: concepto, clasificación e implicaciones del consumo prolongado. International e-journal of Criminal Science. 
Rojas, E., Real, T., García-Silberman, S. y Medina-Mora, M. (2011). Revisión sistemática sobre el tratamiento de adicciones en México. Salud Mental. 34: 351-365. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario