13 de mayo de 2013

Consumo de tabaco… una muerte silenciosa


Cuando se piensa en consumo de tabaco, lo primero que viene a nuestra mente es la persona que lo fuma, quien desde su primer cigarro iniciará un proceso de daño. En este sentido, Chávez (2004) y Giraldo (2001), citados en un estudio de Rodríguez Machain y colaboradores (2008), identificaron que los síntomas sutiles de una disfunción pulmonar son imperceptibles hasta después de 10 años de consumo, junto con una disminución a la tolerancia para realizar ejercicio, situación por la cual las personas que fuman empiezan a tomar conciencia de los daños a su salud después de 20 o 30 años de haber iniciado, que es cuando se presentan malestares físicos importantes. Por ello, un adolescente que se inicie a los 16 años no identificará daño alguno a su salud hasta los 26 años y aquellos que se encuentran alrededor de los 36 años estarán presentando síntomas más serios por su consumo, lo que les estaría llevando a solicitar un tratamiento o quizá años más tarde, lo cierto es que cuando esto ocurra se encontrarán en una edad madura y productiva laboralmente hablando.

El consumo de tabaco también debe contemplar a aquellas personas que sin fumar suelen estar expuestas al Humo de Tabaco Ambiental (HTA); esta población comenzó a identificarse desde la Encuesta Nacional de Adicciones (ENA) 2002, al plantear que a nivel nacional existían cerca de 17 millones de personas entre los 12 y los 65 años que estaban expuestas de manera involuntaria al HTA. En un estudio realizado por López y Tovar en 2002 se detectó que las personas más afectadas a la exposición del HTA son quienes atienden servicios de alimentación, como restaurantes, hoteles, cantinas y tabernas, donde también quedan expuestos algunos clientes como mujeres embarazadas, menores de edad, adolescentes, adultos y adultos mayores.

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, además de clasificar al HTA dentro del grupo de carcinógeno A, estima que causa cerca de 3,000 muertes por cáncer pulmonar y de 30,000 a 50,000 defunciones por enfermedad cardiovascular al año.

La exposición en los lugares de trabajo es considerada involuntaria, pues son de 40 a 45 horas semanales, es decir, entre 2,080 y 2,340 horas de exposición al año; en 45 años estaríamos hablando de 93,600 a 105,300 horas de exposición, haciendo que la persona sea adicta a la nicotina aunque no fume, en tanto que si la exposición se da en el hogar entonces se considera pasiva; por ello, permitir fumar en ciertos lugares de trabajo conlleva a tener diferentes concentraciones, las cuales pueden ser 10 veces mayores al promedio de la exposición que se da en los hogares, de acuerdo con la demanda que se presente en el centro laboral.

La ENA 2008 reveló que 23.3% de la población a nivel nacional estaba expuesta al HTA, es decir, cerca de 11 millones de personas, siendo las mujeres y los adolescentes los grupos de mayor riesgo, en comparación con los varones y los adultos.

Considerando que en 2008 se estableció el Reglamento de la Ley de Protección a la Salud de los no fumadores en el Distrito Federal, se esperaría que en la ENA 2011 la población expuesta al HTA disminuyera; sin embargo no fue así, se registró un incremento aunque sin igualar a lo reportado en 2002 (30.2% de la población, es decir, 12.5 millones de personas; 3.8 millones de adolescentes y 8.7 millones de adultos), detectando que tanto los adolescentes y las mujeres continúan siendo los más expuestos en sus hogares, mientras que los adultos varones suelen estarlo más en sus trabajos, así como en lugares que son considerados públicos y, en consecuencia, deberían ser 100% libres de humo.

En un estudio de Barrientos y colaboradores en 2007, se detectó que mujeres que no fuman pero conviven con fumadores se incrementa 24% el riesgo de padecer cáncer de pulmón y 30% la probabilidad de padecer alguna enfermedad coronaria; en el caso de los menores de edad que están expuestos al HTA se asocia el Síndrome de Muerte Súbita en el neonato, bajo peso al nacer, asma y otras enfermedades respiratorias, infecciones del oído medio, reducción en la función pulmonar, desaceleración del desarrollo en la niñez, cáncer y deterioro en enfermedad cardiovascular previa, observando que dicha exposición suele darse prioritariamente en el hogar.

De acuerdo con la Ley General de Salud, a fin de evitar la exposición al HTA está prohibido fumar en lugares que además de ser considerados públicos también sean espacios cerrados, como son los servicios de atención médica, auditorios, aulas, zonas consideradas de peligro para la seguridad laboral, oficinas, instituciones educativas y centros de transporte, ya que el costo es tanto humano como económico por las enfermedades que se derivan. Sin embargo, hay lugares en los que se sigue permitiendo fumar, ya que no se cuenta con un sistema de vigilancia a la exposición de HTA.

En otro estudio de Barrientos y colaboradores (2007), en el cual se monitorearon los niveles de exposición al HTA en seis espacios diferentes de la Ciudad de México (hospital, secundaria, oficinas, aeropuerto, restaurantes y bares), se detectó que en los restaurantes los registros de nicotina fueron más altos sin importar si correspondía al espacio asignado para fumadores o no fumadores; la exposición en los bares fue 8.7 veces más que la detectada en el restaurante y en comparación con el hospital ésta fue de 545 veces más, siendo los trabajadores quienes están más expuestos y el costo de su salud recae en el componente social. En 2010 Reynaldes realizó otro estudio muy semejante considerando tres ciudades: México, Guadalajara y Monterrey; detectó que las concentraciones más altas se registraron en la Ciudad de México, quizá debido a la correlación en el cumplimiento de espacios 100% libres de humo de tabaco. Monterrey obtuvo 98.5%, mientras que el D.F. sólo 77.4%.

Reynaldes (2006) y Salazar (2012) plantean que la exposición al HTA no sólo implica la atención médica, sino también las incapacidades, el aumento del ausentismo, los casos de invalidez, el incremento de posibles accidentes, la reducción en la producción, la baja calidad en el producto y los años de vida potencialmente perdidos por muerte prematura, y aunque todo esto es más visible en las personas que consumen, no deja de repercutir también en quienes están expuestos.

Se puede establecer una relación indirecta entre salud mental y consumo de tabaco por la influencia que éste tiene en el bienestar físico; seguir fumando aumenta el malestar y los problemas de salud mental, principalmente por padecer alguna enfermedad crónica. También implica cubrir los gastos hospitalarios, el estrés familiar y personal, por ello cuando se acude a un tratamiento debe considerarse el apoyo tanto psicológico como social.

En España, de acuerdo con datos del Ministerio de Sanidad y Consumo, 26.4% de la población mayor de 16 años se consideró fumadora en 2006, de tal forma que el consumo de tabaco es causa directa de 56,000 muertes al año y es la principal causa de enfermedad, discapacidad y muerte prematura; es responsable de 36.2 millones de años de vida potencialmente perdidos, ya que se calcula que la persona fumadora muere en promedio 10 años antes que quien no fuma. Por ello, la deshabituación tabáquica es el mayor beneficio sanitario para todas las edades. Si deseas iniciar un tratamiento para dejar de fumar, puedes acudir al CIJ más cercano, la atención es integral para apoyarte en tu decisión de hacer un cambio en tu vida en favor de tu salud y la de los tuyos.

Llámanos a CIJ Contigo, atención en línea, al 01 (55) 52 12 12 12 en la Ciudad de México o al 01 (33) 38 36 34 63 en Guadalajara. Escríbenos a cij@cij.gob.mx o cijcontigo@hotmail.com. También puedes platicar con nosotros en: CIJ Contigo. No olvides agregarnos a facebook CIJ Oficial o síguenos en Twitter cij_contigo.

Psic. Edith Chávez Vizuet
Dirección de Tratamiento y Rehabilitación

Referencias:
  • Barrientos-Gutiérrez T, Reynales-Shigematsu LM, Ávila-Tang E, Wipfli H, Lazcano-Ponce E. Exposición al humo de tabaco en hogares de la Ciudad de México: análisis de nicotina ambiental y en cabello de niños y mujeres. Salud Pública México 2007; vol. 49, supl. 2.
  • Barrientos-Gutiérrez T, Valdés-Salgado R, Reynales-Shigematsu LM, Navas-Acien A, Lazcano-Ponce E. Exposición involuntaria al humo de tabaco en lugares públicos de la Ciudad de México. Salud Pública México 2007; vol. 49, supl. 2.
  • Ley de Protección a la Salud de los No Fumadores en el Distrito Federal. Publicada en la Gaceta Oficial del Distrito Federal el 29 de enero de 2004.
  • Ley General de Salud. Publicada en el Diario Oficial de la Federación el 7 de febrero de 1984. Con modificaciones en abril del 2010.
  • López-Antuñano FJ, Tovar Guzmán VJ. Fumar o no fumar, en restoranes, hoteles y cantinas. Salud Pública México 2002; vol. 44, supl. 1.
  • Organización Mundial de la Salud. Convenio Marco para el Control del Tabaco. Ginebra: Suiza; 2003.
  • Reglamento de la Ley de Protección a la Salud de los No Fumadores en el Distrito Federal. Publicada en la Gaceta Oficial del Distrito Federal, el viernes 4 de abril de 2008.
  • Reynales-Shigematsu L.M, Ortega-Ceballos PA, Gimeno D, Barrientos-Gutierrez T. Exposición al humo de tabaco ajeno en lugares públicos de la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Salud Pública México 2010; vol. 52, supl. 2.
  • Reynales-Shigematsu LM. Costos de atención médica de las enfermedades atribuibles al consumo de tabaco en las Américas: revisión de la literatura. Salud Pública México 2006; vol. 48, supl. 1.
  • Rodríguez Machain AC, Martínez Vélez NA, Juárez García F, Lopez Lugo EK, Carreño García S, Medina-Mora ME. Relación entre el consumo de tabaco, salud mental y malestares físicos en hombres trabajadores de una empresa textil mexicana. Salud Mental 2008; vol. 31, núm. 4, julio-agosto.
  • Salazar Estrada J.G. Las adicciones en el trabajo y su impacto en el bienestar de la empresa. México, Fundación Social del Empresario Jalisciense, 2012.
  • Secretaría de Salud. Encuesta Nacional de Adicciones 2002. México, D. F.: SSA; 2002.
  • Secretaría de Salud. Encuesta Nacional de Adicciones 2008. México, D. F.: SSA; 2008.
  • Secretaría de Salud. Encuesta Nacional de Adicciones 2011. México, D. F.: SSA; 2011.

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