16 de abril de 2013

La droga: un oso de peluche fragmentado

Son múltiples los retos que se enfrentan a nivel mundial y nacional en materia de salud, y sin duda el tema de las adicciones resulta primordial. Acorde con cifras reportadas en la Encuesta Nacional de Adicciones (ENA 2011), en México se han invertido más de 6 mil 600 millones de pesos en la prevención y el tratamiento de las adicciones. A pesar de los múltiples esfuerzos por reducir el número de personas que viven o conviven con este problema, hay cifras que aún resultan preocupantes, como el consumo de alcohol: en 2008 se reportaba que 56.8% de hombres y 38.9% de mujeres entre 12 y 17 años iniciaron su consumo a los 17 años o menos; en 2011 los porcentajes se elevaron a 64.0% y 43.3%, respectivamente; en este mismo grupo de edad, 1.7 millones de jóvenes son fumadores activos. 

Enfocándonos en este grupo etario, el más vulnerable ante la problemática de las adicciones, en 2011 la Secretaría de Educación Pública (SEP) estimaba que un promedio de 250 mil niños y jóvenes estudiantes entre los 11 y los 17 años habían probado mariguana o cocaína. En 2012 se apreciaba que en cerca de 8% de las secundarias en México los escolares habían consumido drogas en sus planteles. Sin embargo, en una encuesta realizada como parte de la prueba “Enlace” a directores, este porcentaje se eleva a cerca de 35% en Baja California y a casi 30% en la capital; estados como Sonora, Coahuila, Quintana Roo, Nuevo León, Jalisco, Chihuahua, Querétaro y Estado de México presentaban este misma problemática.

Como profesionales de la salud es importante reflexionar sobre los factores psicosociales que están promoviendo y sosteniendo el consumo de drogas a temprana edad, como es el caso de niños menores de 12 años que llegan a los sistemas de salud para ser atendidos de manera integral. ¿Desde qué marcos conceptuales partir para proporcionarles ayuda?

Zygmunt Bauman (2003) plantea en su libro Modernidad líquida y fragilidad humana que vivimos en un tiempo sin certeza, donde los vínculos son frágiles y fácilmente se disuelven, el amor es flotante y no hay una responsabilidad por el otro, la esfera comercial lo impregna todo y el sentido financiero de costo-beneficio se vuelve la base o la ruptura de relaciones.

Si partimos de esta idea del bienestar líquido, donde todo es momentáneo, fluye y se transforma con gran rapidez, podemos entender algunos de los fenómenos que envuelven nuestra vida cotidiana, como la violencia intrafamiliar, las separaciones y los divorcios, en los cuales lo más importante es la repartición de bienes; padres que para alcanzar los estados de bienestar trabajan jornadas completas dejando el cuidado de sus hijos a personas afectivamente cercanas o a instituciones especializadas; y el consumo de drogas, que se sustenta en la necesidad de consumo “volátil” que brinda mucha satisfacción, pero por periodos cortos de tiempo.

Donald Woods Winnicott (1965) sustenta su teoría en la importancia que tiene en la infancia contar con un vínculo sólido entre la mamá y el hijo, ya que esto posibilita la madurez y la salud mental del mismo. Winnicott menciona que si la madre es suficientemente buena y proporciona el holding necesario para que el hijo se sienta protegido para “enfrentarse” tanto a su mundo interno como al externo; los objetos y fenómenos transicionales le permitirán construir representaciones internas del mundo externo que dan como resultado un self verdadero.

En caso de que el holding no haya sido lo suficientemente bueno, entonces el infante desarrollará un self falso, en el cual la realidad genera angustia al ser amenazante, los objetos y fenómenos transicionales no son lo suficientemente buenos y las representaciones internas son frágiles.

Con base en esta teoría de relaciones objetales, Kohut (1999) considera que la droga es utilizada como un oso de peluche, pero su fin último es defenderse de la profunda ansiedad generada por un falso self; este tipo de ansiedad es llamada “de vaciamiento”, ya que las personas buscan sentirse “completas” haciendo uso de su pseudo-objeto transicional (droga), el cual les permite no pasar de la ansiedad de vaciamiento a la ansiedad de fragmentación. Sin embargo, la droga sólo cumplirá con la función de conciliar la realidad interna con la del mundo exterior de manera momentánea.

Pero entonces ¿cómo ayudar a estos niños y jóvenes cuya condición intrapsíquica se vuelve vulnerable por la modernidad del consumo y el bienestar momentáneo y que muchas veces sus propias familias se resisten a mirar los síntomas generados por un mundo de contradicciones donde drogarse está mal, pero el sistema familiar se mantiene homeostático? Tal vez la respuesta sea que los especialistas y las personas que nos encontramos interesados en atender el problema de las drogas podamos ayudar a reconstruir ese oso de peluche fragmentado, brindándoles atención no sólo de calidad sino también de calidez, en la cual sus voces encuentren abrazos de seguridad y alternativas para mirar al mundo diferente. Fomentemos espacios transicionales a través del juego, el deporte, la cultura y la recreación.

¡Centros de Integración Juvenil te ayuda a reconstruir historias, hoy y siempre!

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María Luisa Narváez Aroche
Dirección de Tratamiento y Rehabilitación

Referencias
Bauman, Zygmunt (2003). Modernidad Líquida. Fondo de Cultura Económica, México.
Secretaria de Salud. Encuesta Nacional de Adicciones 2011. México, D. F.: SSA; 2011
Goldberg, A. (1990). The Realities of Transference: Progress in Self Psycology. The Analytic Press. Estados Unidos.
Kohut, Heinz (1999). La restauración del sí-mismo. Editorial Paidós, México.
(1996). Análisis del self, Amorrortu editores, Buenos Aires.
López Matus Villegas, Luis. (2009). El abuso de sustancias como búsqueda de un espacio transicional. Revista Electrónica de Psicología Iztacala, 12, 1-9.
Martínez, Nurit. (2011, 26 octubre). SEP: en secundaria, alto riesgo por drogas. El Universal.mx
Winnicott, D. (1965) Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Paidós. Argentina.
(2008). Realidad y Juego, Gedisa. España.

2 comentarios:

  1. El articulo me parece interesante, sin embargo creo que no debe ser únicamente la madre quien debe tener únicamente la responsabilidad de crear el puente afectivo en la educación emocional del niño, es cierto que es el primer contacto que tiene el ser con otro ser desde el momento del nacimiento, no creo que se deba dejar dicha responsabilidad con completo a la madre. Sin embargo es cierto que la sociedad también es cómplice del vació emocional de la persona, me refiero a que el constante bombardeo de los mass media, hacia el individuo lo hace cada día ser mas vació y vanal. En dado caso el aislamiento parcial de la sociedad o de dicho bombardeo mediático ¿es forma útil para evitar generar dichos vacíos emocionales? En razón de que las sociedades digamos más rurales, tienen salud emocional más en forma en comparación de quienes viven concentrados en las grandes ciudades.
    Atte. Alex H

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  2. Siempre y todos los dia son fechas para no pasar por alto, vivamos una epoca de armonia, acompañamineto y detalles, celebra compartiendo y regalando
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