1 de marzo de 2013

Mujer y drogas

Hasta hace unos años eran excepcionales los casos en los que una mujer acudía a solicitar tratamiento por consumo drogas y era más difícil aún que se adhiriera al tratamiento, ya que por cuestiones culturales es más recriminado que consuma una mujer que un hombre. Las necesidades asistenciales en el género femenino se hacen presentes cuando se acercan a los centros de tratamiento de adicciones, la mayoría de las veces sólo como acompañantes de sus parejas o esposos e inclusive de sus hijos. Las condiciones sociales y psicológicas en las que se desarrolla la mujer son factores importantes en el establecimiento de conductas relacionadas con el consumo de sustancias.

Blanco, Sirvent y Palacios (2005) mencionan que las conductas de riesgo en las mujeres que pueden favorecer el consumo de drogas y hacer más difícil que se decidan a acudir a tratamiento están relacionadas con el aspecto emocional y afectivo. 

Hay ciertos indicadores que pueden dar cuenta cuando una persona está teniendo problemas en su vida por el consumo de drogas, entre los que se encuentran (SSA, 2006):
  • Pérdida repentina de peso.
  • Ciclo menstrual irregular.
  • Quejas o malestares crónicos (alteraciones del sueño, problemas estomacales, ardor de pecho, presión arterial alta).
  • Caídas frecuentes, accidentes, quemadas o cortadas.
  • Cambios significativos en la higiene y el aliño.
  • Preocupación u obsesión por las sustancias.
  • Uso de sustancias para enfrentar el estrés.
  • Sentimientos de desesperanza, poca valía y depresión.
  • Agitación emocional (confusión, depresión, ansiedad, cambios repentinos de ánimo, automutilación, ideación o intentos suicidas).
  • Renunciar al trabajo.
  • Gasto significativo de dinero en drogas o alcohol.
  • Tener deudas.
Aunque el abuso de drogas puede ocurrir en cualquier etapa de la vida de una mujer, según la Encuesta Nacional de Adicciones 2011 las prevalencias más altas de consumo se encuentran en el grupo de 18 a 34 años y las más utilizadas son la mariguana y la cocaína. Muchas mujeres que consumen drogas no buscan tratamiento por temor a no poder cuidar a sus hijos, miedo a las represalias de su pareja o a la respuesta de la sociedad.

En nuestra línea de atención “CIJ Contigo” recibimos la solicitud de Carla, de 34 años, consumidora de cocaína base: “No buscaba tratamiento porque no tenía quién me cuidara a mi hija y ¿qué tal si me encierran y ya no la puedo cuidar, con quién se va a quedar? Me da mucho miedo lo que mi pareja (Pedro) puede hacerme si le cuento a alguien lo que hacemos. Yo no me drogaba, bueno, sólo me fumaba un cigarrito de los normales de vez en cuando; un día me dio la curiosidad de saber por qué a Pedro le gustaba tanto la piedra, y él decía que lo hacía sentirse libre y poderoso, que se olvidaba de todo y se sentía muy vivo. Por fin un día me dio a probar, yo también quería sentirme viva, ahí fue cuando comencé y hasta el día de hoy no he podido parar; ya vendimos todo lo de valor que teníamos: televisiones, ropa, muebles, hasta la cama. Después de un tiempo perdí mi trabajo. Tengo una hija de 13 años que vive con nosotros, ella no sabe de mi adicción; me imagino que ya supone, pues en las noches que llega Pedro a la casa nos encerramos a fumar toda la noche y el olor le debe llegar, pero no me dice nada, no sé qué hacer, quiero dejarlo pero me siento como en un desierto… sola. Mi mamá tampoco puede ayudarme, ella no trabaja y vive con mi hermano, quien también fuma piedra y ha acabado con todas las cosas de valor de la casa de mi madre; ella por quedarse a cuidarlo no puede salir a trabajar, siento que no tengo salida, a veces sólo me quiero morir. Antes con poquito que fumara me sentía bien, pero ahora todo el día estoy pensando en que ya quiero que regrese Pedro para ver cuánto compró. Cuando no fumo comienza a dolerme la cabeza; me duelen todos los huesos, como si tuviera una gripe de esas fuertes, siento que me muero y no quiero… ¡creo que necesito ayuda!”.

El consumo de cualquier droga lleva a un deterioro significativo en la salud. Respecto al desarrollo de dependencia, parece haber una mayor posibilidad de adicción en la mujer en un periodo mucho más corto que en el hombre. En el mundo del consumo de drogas las mujeres tienen que adaptarse a un entorno duro y hostil donde impera la ley del más fuerte; para sobrevivir, frecuentemente se asocian a un hombre que les proporcione la sustancia o terminan vendiendo drogas, llegando incluso a la prostitución y a conductas de riesgo con tal de conseguir una dosis más; viven maltrato, extorsión y carencias. Además, tardan más tiempo en acudir a tratamiento. 

En Centros de Integración Juvenil somos conscientes de que las adicciones tanto en hombres como en mujeres requieren una atención similar, pero sutilmente diferente. Por ello nos hemos dado a la tarea de diseñar tratamientos que tomen en cuenta tanto sus diferencias como sus similitudes y ofrecer una atención integral para vivir sin adicciones.

Si tienes problemas de consumo de alcohol, tabaco o alguna otra droga: 
Comunícate a “CIJ Contigo. Atención en Línea”, al 01 (55) 52 12 12 12 en la Ciudad de México o al 01 (33) 3836 34 63 en Guadalajara. Escríbenos a cij@cij.gob.mx. 
Platica con nosotros en cijcontigo@hotmail.com o en facebook.com/cij.contigo1. 
Chatea con nosotros en CIJ Contigo o acude directamente al CIJ de tu localidad.
¡Podemos ayudarte!

Dirección de Tratamiento y Rehabilitación
Subdirección de Consulta Externa

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