5 de noviembre de 2012

Género, violencia y adicciones


El 25 de noviembre fue declarado Día Internacional contra la Violencia Hacia la Mujer, en el Primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y del Caribe, celebrado en Bogotá, Colombia, en julio de 1981.

A pesar de los esfuerzos de diferentes organizaciones, actualmente la violencia de género sigue siendo un problema oculto y un delito no visible en diferentes lugares de México y del mundo, en el que a las mujeres se les concibe como objetos de propiedad de los hombres y deben atenerse a las reglas establecidas por el patriarcado, vivir la violencia como recurso de control e incluso asumirla como estrategia de sobrevivencia.

En este contexto, el reconocimiento de este tipo de violencia estructural permite trasladar la reflexión y el abordaje de la violencia de género del anonimato en lo privado a lo visible en el escenario público; por ejemplo, en las políticas sociales que se crean en torno a las diferentes necesidades de la población, a partir de análisis diferenciados de grupos poblacionales amplios y de condiciones de vulnerabilidad, fundamentalmente a partir del género como categoría de gran relevancia para abordar asuntos como la discriminación, la falta de oportunidades sociales, la escasez de acceso a los servicios básicos y problemáticas como el consumo de drogas, con elevada comorbilidad asociada a trastornos de la salud física y mental, accidentes y violencia.

Actualmente los cambios socioculturales que han vulnerado escenarios y espacios “tradicionalmente masculinos” han modificado las tendencias y patrones de uso de tabaco, alcohol y otras drogas; por ejemplo, antes “no era bien visto” que las mujeres fumaran o que bebieran alcohol en lugares públicos o sin compañía. Actualmente “se han igualado” algunas de las conductas relacionadas con este y otros consumos, sobre todo entre las poblaciones más jóvenes, aunque siguen sin consolidarse respuestas de atención diferenciadas, más acordes con los requerimientos y los recursos de uno y otro sexo.

Respecto a este punto, la Encuesta Nacional de Adicciones (ENA) 2011 revela que la prevalencia alguna vez en la vida para el consumo de alcohol en los hombres aumentó de 78.6% en 2002 a 80.6% en 2011 y en las mujeres de 53.6% a 62.6%; la dependencia[1] en población adolescente de 12 a 17 años en los hombres se duplicó (3.5% a 6.2%) y en las mujeres se triplicó (.6% a 2%).

El consumo de tabaco presenta un incremento estadísticamente significativo en la prevalencia de fumadoras activas (3.8% en 2002, 8.1% en 2011), principalmente por el aumento de la prevalencia en el grupo de edad entre de 13 a 15 años (2.1% en 2002, 7.0% en 2011).

Con relación al uso de drogas en la población en general, la ENA 2011 menciona que la droga de preferencia en hombres y mujeres sigue siendo la mariguana; en los hombres la cocaína ocupa el segundo lugar y en las mujeres el consumo de esta sustancia muestra cifras similares a las reportadas para estimulantes de tipo anfetamínico, droga que en los hombres ocupa el tercer lugar en la preferencia de consumo.

Al desarrollar políticas para hacer frente al consumo o intervenciones preventivas, se debe considerar que las causas de consumo y sus consecuencias son en suma diferentes. Las mujeres pueden iniciar su consumo “en apoyo o solidaridad” con su pareja consumidora, mientras que los hombres lo hacen por invitación o presión de sus pares. El número de usuarios de drogas sigue siendo mayor entre los hombres, aunque hay un aumento significativo de mujeres que consumen alcohol o inhalables. Las principales sustancias que motivaron la demanda de tratamiento fueron alcohol (19.9%), cocaína (12.5%), mariguana (15.6%) e inhalables (14.1%). Por perfil sociodemográfico, la mayor demanda de tratamiento fue por parte de los hombres (77.2%) (ENA 2011). El apoyo familiar en procesos terapéuticos disminuye considerablemente para las mujeres, ya que son fácilmente estigmatizadas por el uso, con el abandono de la pareja, de los hijos o de la familia en general, desde un “juicio social” por consumir siendo mujer y una falsa percepción de que esto “facilita” el ejercicio de su sexualidad.

Para hacer frente a esta vinculación consumo-violencia-consumo, atravesada por la perspectiva de género, es necesario no descuidar ninguna de sus partes: el consumo de drogas en mujeres que reciben maltrato, sus parejas (golpeadoras o consumidoras) y la condición social que conlleva ser mujer en este escenario. También la relación que hay entre el consumo de drogas y el desarrollo de conductas violentas tanto en hombres como en mujeres, las conductas de cada uno de ellos y ellas, así como el objeto de su violencia. Se requiere de líneas de acción para la prevención, el tratamiento y la rehabilitación de las adicciones, desde el marco de la equidad de género.

Tenemos que aludir al uso de drogas por parte de las mujeres y al uso de drogas en los hombres; considerar el contexto sociocultural y educativo al diseñar intervenciones tendentes a reducir el consumo, la violencia y otros riesgos asociados, en sectores sociales que históricamente han permanecido en desventaja ideológica, estructural y social.
Lic. Alfredo Guerrero Muciño
Departamento de Modelos y Tecnologías Preventivas

Referencias
Bosch, F. E. (2012) 25 de noviembre Día Internacional contra la Violencia de Género, Mujeres en red, en http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1222
Gómez M. J. et al. (2006) Una aproximación a los problemas de adicción y violencia de las mujeres a través de los profesionales, PORTULARIA VOL. VI, núm. 2-2006, [151-163], Universidad de Huelva, en http://rabida.uhu.es/dspace/bitstream/handle/10272/523/b1520262.pdf?sequence=1
Ortega S. S. et al. (2005). Estrategias para prevenir y atender el maltrato, la violencia y las adicciones, en las escuelas públicas de la Ciudad de México. Revista Iberoamericana de educación, núm. 038, Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Madrid España.

[1] Abuso/dependencia: patrón de consumo desadaptativo que lleva a un deterioro o malestar clínicamente significativo expresado por la presencia de tres o más síntomas (tolerancia; abstinencia; uso en mayor cantidad o tiempo de lo deseado; deseo persistente por consumir; empleo de mucho tiempo para conseguir alcohol o recuperarse de sus efectos; reducción de actividades sociales, laborales o recreativas por causa del alcohol, y uso continuado a pesar de tener conciencia del daño que se asocia con el consumo) durante los doce meses previos a la encuesta.

1 comentario:

  1. Diana Mireya Urrutia Anguiano31 de enero de 2013, 11:47

    Es destacable en esfuerzo que hace CIJ poniendo al alcance de todos información de este tipo. El servicio y atención de las adicciones es para cualquier persona que lo solicite, es decir,se encuentra al alcance de todos sin importar cuestiones y prejuicios de género que ya de por sí entorpecen la dinámica social actual.

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