17 de octubre de 2012

La relevancia de la salud mental en los consumidores de drogas


A propósito del Día Mundial de la Salud Mental, conviene destacar la carga de estigma y discriminación que ha rodeado a este concepto durante largo tiempo.

Según la Organización Mundial de la Salud, de las 10 enfermedades más frecuentes y de alto costo entre la población mundial, al menos cuatro son de tipo mental: la epilepsia, el trastorno bipolar, el alcoholismo y la depresión, cuya prevalencia en el mundo es de 5.8 por ciento en los hombres y 9.5 en mujeres, siendo la cuarta enfermedad discapacitante en la población y se calcula que para el año 2020 será la segunda.

Más de 90 millones sufren trastornos causados por el alcohol y las drogas. Desde 2001, el abuso de bebidas embriagantes y otras sustancias representa un serio problema de salud pública en el mundo y es responsable de trastornos neuropsiquiátricos, violencia doméstica, abuso y abandono de niños y productividad laboral disminuida (la pérdida de productividad laboral por discapacidad psiquiátrica en el mundo es del 13%), además de constituir un alto costo económico que afecta el desarrollo del capital humano y que puede generar también un importante costo social en términos de lesiones, violencia y crimen.

Asimismo, se ha encontrado que los estados de ánimo negativos tienen relación con fumar y con el abuso del alcohol. Estudios epidemiológicos en Estados Unidos muestran que los trastornos mentales usualmente preceden a los del abuso de sustancias; por otra parte, la severidad del consumo de sustancias hace que haya más riesgo de padecer otros trastornos psiquiátricos.

En el año 2000, cuatro por ciento de la carga de las enfermedades en el mundo se imputó al consumo de alcohol, y en América Latina éste fue el más importante factor de riesgo de la carga global de las enfermedades. La razón fue que las personas con alguna enfermedad mental no tienen la misma capacidad para cuidar de sí mismas, lo cual las hace más susceptibles de adquirir otras enfermedades.

En México, la magnitud, el sufrimiento y la carga en términos de discapacidad y otros costos para los individuos, las familias y las sociedades son abrumadores. Se estima que alrededor del 15 por ciento de la población del país padece algún trastorno mental, del cual sólo 2.5 por ciento se encuentra bajo supervisión de algún especialista.

La Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica (2003) señala, por su parte, que los trastornos afectivos y de ansiedad son más frecuentes en las mujeres, mientras que los trastornos por uso de sustancias lo son en los hombres.

La relevancia de la salud mental de los pacientes consumidores de drogas que ingresan a Centros de Integración Juvenil radica en que múltiples estudios indican la co-ocurrencia del uso de drogas y los trastornos psiquiátricos[1], principalmente trastornos duales como impulsividad, depresión y ansiedad, en un modelo circular donde no se sabe si la presencia de uno ocasiona el otro o viceversa, lo cual hace necesaria la investigación en este sentido. Es por ello que mientras los pacientes farmacodependientes presentan una sintomatología diversa dependiendo del tipo de sustancia consumida, antigüedad en el consumo y frecuencia de uso, el terapeuta requiere tener elementos diagnósticos que faciliten la identificación de posibles patologías en los usuarios y así definir la intervención adecuada a sus características.

Subdirección de Investigación

[1] Centros de Integración Juvenil, A.C. Dirección de Investigación y Enseñanza.  Subdirección de Investigación (2009). Once años de estudio del consumo de drogas en México. 

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