17 de enero de 2012

Alcohol, Violencia y Prevención.

Conforme a los resultados del Sistema de Vigilancia Epidemiológica de las Adicciones (2010 ), la quinta parte de las personas que murieron de manera súbita o violenta en México durante el año 2009 se encontraban bajo la influencia del alcohol (18.4%); casi todos eran hombres (92.4%), a quienes hirieron con arma de fuego (25.2%) o asfixiaron (12%); el 21.3% murió a causa de un accidente de tránsito, entre otras lesiones. Este porcentaje podría cambiar si se conocieran todas las muertes y no sólo las “registradas” por el Servicio Médico Forense (SEMEFO).

Bajo esta realidad, habrá quienes hagan uso de su imaginación para relacionar la violencia con el consumo de alcohol; sobre todo porque en la publicidad de las bebidas alcohólicas se muestra a personas que al consumirlas aumentan su “diversión” o hasta su “prestigio”, dependiendo de la “calidad de la botella”. Por otra parte, quienes han tenido algún contacto con la combinación alcohol y violencia, podrán recordar de manera automática su experiencia, y hasta pueden opinar que el porcentaje debería ser mayor debido a que actualmente, la violencia se vive en la calle con amigos, compañeros, conocidos o inclusive al interior de la familia.

Se sabe que tanto la violencia como el consumo de alcohol son fenómenos multidimensionales; lo anterior en beneficio de todos, pues de lo contrario dos mil millones de personas que consumen bebidas alcohólicas en el mundo (WHO, 2011 ) ejercerían violencia al mismo o mayor número de sujetos y afectaría además a quienes se encuentran a su alrededor, lo que implicaría un problema de salud pública, más allá de la seguridad y de los servicios de salud.

En este sentido, la prevención se torna fundamental, promoviendo por un lado, el desarrollo de habilidades como la resolución noviolenta de conflictos y por otro, en el caso de aquellas personas que han decidido beber alcohol, reforzando la autoeficacia para que se expongan a la menor cantidad de riesgos posibles vinculados a la sustancia y a los contextos de diversión e interacción social.

Dos datos enfatizan la necesidad de trabajar estos temas desde edades tempranas. Por una parte, las investigaciones identifican a los 12.6 años como la edad promedio de inicio de alcohol (Villatoro y et al. 2009 ); por otra, son las mujeres adolescentes de 12 a 17 años las que muestran mayor proporción de riñas vinculadas a su consumo de alcohol (SS, 2009 ).

Lo anterior modifica no sólo la convivencia entre mujer-mujer y mujer-hombre; influye además en el desarrollo biológico y psicológico, tanto de ellos como de ellas. Lo que lleva a reflexionar:

• La violencia, al igual que los niveles de consumo de alcohol en mujeres ¿muestran la “apropiación” de espacios “masculinos”?

• ¿Será que el alcohol está “contribuyendo” a construir una sociedad cada vez más violenta?

• ¿Usted qué opina?

CIJ continúa brindando diversos servicios para la prevención, tratamiento y reducción de riesgos asociados al uso de alcohol y otras drogas; interviniendo desde la niñez hasta la edad adulta, con una perspectiva transversal de género.

Dirección de Prevención
Departamento de Modelos y Tecnologías Preventivas
Daniel Bogar Cielo Meléndez.

1 comentario:

  1. Ademas hace años, la adicción de la mujer al alcohol se presentaba principalmente de dos formas:
    -Como ama de casa: No saliendo de su domicilio y ocultando como un secreto, lo que dificultaba el acercamiento a medidas de rehabilitación.
    -Como relación social: Donde sólo bebían las mujeres que se dedicaban a determinadas profesiones.
    Actualmente la mujer han pasado de estar dedicada exclusivamente a las labores domésticas a integrarse de forma permanente y activa en los sectores sociales y económicos de nuestra comunidad.
    Su rol social ya no es el mismo que hace 20 años, y sus pautas de consumo y conductas se han adaptado a este cambio. La mujer actualmente se iguala en su modo de actuar al varón, y dentro de su adicción al alcohol, llega a equipararse a modelos de consumo masculino, sin necesidad de justificarse ante nadie, aunque se sigue manteniendo una cierta tendencia a la ocultación o negación del problema. La edad de inicio de consumo de bebidas alcohólicas se ha igualado prácticamente en los dos sexos, sin embargo el patrón de dependencia todavía sigue siendo mayor en los varones.

    A pesar de todos estos cambios, la relación alcoholismo y mujer adquiere una problemática doble, por sus características, que la hace diferente a la del hombre. Estas diferencias, como las que se producen por el consumo de alcohol en mujeres embarazadas y su repercusión en el feto, hacen que resulte conveniente el estudio de esta afección de forma independiente.
    Y sobretodo recordemos que el alcohol es una droga de inicio, y como es social mente aceptada, no se le da mucha importancia al consumo hasta que la dependencia resulta con otros problemas .
    Y aprovecho este espacio para felicitarl@s por su esfuerzo y labor que desempeñan en C.I.J

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