2 de julio de 2010

Trastornos alimenticios y abuso de alcohol: una relación peligrosa

En la actualidad hacer dieta es la forma mas popular o mas común de controlar el peso. Estas se pueden realizar de diferentes maneras: desde acudir con un especialista en nutrición y salud que diagnostique la dieta más adecuada de acuerdo a las necesidades y características de cada personas, hasta seguir dietas sugeridas en libros, revistas, folletos de propaganda, asistir a clínicas o centros de reducción de peso, tomar pastillas como metanfetaminas, así como, la forma mas extrema y peligrosa que implica directamente ayunar, saltándose comidas, reduciendo porciones y eliminando determinada categoría de alimentos.

Las dietas no controladas por un especialista, llevan a la restricción de calorías por debajo de lo que el cuerpo requiere para funcionar sanamente; cuando la restricción es fuerte, el cuerpo comienza a producir su propia energía; esto es, almacena y utiliza el tejido adiposo o graso para cubrir la perdida de energía y como consecuencia se comienza a perder peso. El cuerpo esta equipado para manejarse sin demasiados problemas con reducciones calóricas a corto plazo, sin embargo, mantener a mediano o largo plazo la restricción calórica provoca cambios internos en el cuerpo.

Los trastornos causados por la mala alimentación que puede llevar consigo la realización de una dieta mal realizada, son llamados comúnmente “trastornos de la alimentación”, aunque de hecho se trata de trastornos de la conducta que se tienen en relación con la alimentación. Estos pueden ser llamados ya sea desórdenes o trastornos del comer, de la alimentación, alimenticios o de la conducta alimentaria. Los cuales son de índole biopsicosocial, ya que se presentan conductas que afectan directamente al cuerpo, reflejan un cierto tipo de vulnerabilidad individual en cuanto a personalidad y maduración y ocurren en una familia con determinadas características previas a la aparición del trastorno y esta sufre el efecto de la presencia del problema una vez que se instala. Además de una multideterminación en el origen del desarrollo del trastorno al no poder hablar de un solo factor de inicio; así como tampoco se puede decir que todos los casos son iguales.

Existen elementos comunes a todos los trastornos del comer, como son, la obsesión por el peso y la figura corporal y las prácticas reiterativas para controlarlo, que van desde los ayunos extremos y las dietas restrictivas no controladas que terminan en atracones, hasta las diferentes formas de compensación de esos atracones como vómitos, purgas, laxantes, diuréticos, ejercicio excesivo, etc.

La lista de trastornos alimenticios aumenta y se ven cada vez más asociados al abuso de alcohol, tabaco y otras drogas. A la anorexia, bulimia, vigorexia, diabulimia, en un extremo y en el otro el sobrepeso y obesidad ahora se puede añadir la ebriorexia, un desorden caracterizado por una conjugación de diferentes conductas, no comer sometiéndose a una abstinencia alimenticia voluntaria, realizar un atracón y posteriormente provocar el vómito y como tónica dominante en ambas conductas, abusar de las bebidas alcohólicas, es una combinación de anorexia, bulimia y alcohol.

Actualmente la ebriorexia no es un término oficial para nombrar al nuevo desorden alimentario, pero es el que se está adoptando por el momento para denominar el nuevo problema. Los denominados “ebrioréxicos” no quieren comer para poder compensar las calorías que el alcohol aporta, se podría decir que el término describe a las personas con abuso de alcohol, anoréxicas o bulímicas. Las personas que padecen de este trastorno alimentario son en su mayoría mujeres y el alcohol se convierte en la única fuente de calorías con la que se sustentan, aunque existen casos de mayor gravedad en los que el alcohol es sustituido por drogas como las metanfetaminas con la única finalidad de inhibir el hambre.

Como lo cuenta Lorena* una joven que desde niña tuvo problemas de sobrepeso, a los 16 años era una excelente estudiante, con una buena relación con sus padres y hermanos; tenía buenos amigos y nunca había tenido novio. Un día, leyendo una revista encontró las “pastillas milagrosas”, sin investigar su contenido o acudir al médico, decidió comprarlas y comenzar una dieta, al principio logro bajar de peso y mejorar su figura, realizaba cualquier actividad sin cansarse y su vida social y amorosa mejoró, las pastillas le quitaban el hambre y cuando llegaba a comer algo le provocaba un sentimiento de culpa que solo controlaba vomitando o tomando laxantes cada vez de forma mas frecuente, con el paso del tiempo su dieta se convirtió en un ciclo nocivo de ayunos, atracones y purgas. Al salir de la universidad, y no tener las fuerzas físicas suficientes para soportar la presión de su trabajo empezó a consumir alcohol y cocaína, para que le brinde calorías y no perder su fuente de energía, agravando así su problema. Actualmente Lorena tiene 26 años y su salud esta gravemente afectada, al grado de no tener fuerza para levantarse de la cama y si vida está en riesgo. Los médicos dicen que padece anorexia y bulimia, además de dependencia al alcohol y a la cocaína. Lorena se encuentra en una clínica de rehabilitación, luchando por superar sus problemas físicos y emocionales.

Desafortunadamente este tipo de situaciones es cada vez más común, como lo señalan especialistas de la Clínica de Trastornos de la Alimentación del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán” (INCMNSZ, 2005), de la Secretaría de Salud, al mencionar que una parte importante de la población en México padece problemas de alimentación como bulimia, anorexia y trastorno por atracón (comedor compulsivo), lo que facilita la adopción de cualquier tipo de adicciones. Las personas que sufren depresión, tienen cuatro veces más posibilidades de padecerlos, o aquellas con antecedentes de dependencia o abuso de sustancias adictivas y obesidad. Precisan que las edades donde se registran más casos es en mujeres de 12 y 13 años de edad y 17 a 19 años, aunque también se registra un aumento de estos problemas en la población de 35 años, esto principalmente en mujeres.

Como se puede ver los trastornos de la alimentación se ven cada vez más asociados al abuso de drogas y alcohol, en ambos se comienza con una experimentación, que puede desembocar en una dependencia tanto psicológica como física hasta desarrollar un trastorno alimenticio o en su caso una adicción o la combinación de ambos. Desafortunadamente en la sociedad actual la obsesión por estar delgado y la creciente aceptación social sobre el consumo de drogas, se mezclan logrando así un aumento en el desarrollo tanto de los trastornos alimenticios como de las adicciones.

*El nombre es ficticio

1 comentario:

  1. Un tema de gran interés entre los chicos de esta edad.

    ResponderEliminar